La 54.ª edición de Musikaste se clausurará este sábado en Lekuona Fabrika con un concierto de Euskadiko Orkestra y la Coral Andra Mari junto a la soprano Ana Otxoa Pando. Bajo la dirección de Pablo Urbina, el programa ofrece una propuesta que transita entre distintas épocas y lenguajes sonoros. El director reflexiona sobre la unidad estética del repertorio, el valor de la música vasca y el papel de Musikaste en la difusión del patrimonio musical.
– El programa reúne compositores muy diversos, desde Juan Crisóstomo de Arriaga hasta Maurice Ravel. ¿Cómo se articula una unidad musical con estilos tan distintos?
– Aunque los lenguajes sean muy distintos, la unidad del programa no nace tanto de una estética común como de la idea y la intención musical que lo atraviesan. Hay, sobre todo, una raíz profunda que da coherencia al conjunto: la creación musical de compositores euskaldunes. Esto no significa que la unión entre las obras sea meramente contextual; al contrario, todas ellas comparten una atención muy cuidada al color musical y al timbre. Ravel es, sin duda, un gran pintor del sonido, y del mismo modo encontramos en la música de Zuriñe F. Gerenabarrena —desde una estética completamente distinta— una voluntad muy clara de crear sonoridades tímbricas especiales, casi como paisajes sonoros pintados. Arriaga y Sabadie pertenecen a mundos y épocas alejados, pero ambos conciben la música como un espacio de sensibilidad y de claridad estructural. Estos son los aspectos que deben subrayarse en este concierto. Desde la dirección, mi labor consiste en encontrar un lenguaje común y establecer una comunicación con la orquesta que permita al oyente recorrer épocas y estilos distintos como parte de un mismo viaje sonoro. Es como si viajáramos en un mismo coche, escuchando diferentes canciones en una vieja cinta de casete: diversas, pero unidas por el mismo trayecto.
– ¿Cómo ha sido el trabajo con la Coral Andra Mari y la soprano Ana Otxoa Pando para preparar este concierto?
– El primer contacto por teléfono resultó muy enriquecedor. La Coral Andra Mari cuenta con sesenta años de profunda tradición musical en Euskadi, y para mí es un verdadero honor y un gran placer poder contar con ella en este concierto. Del mismo modo, será la primera vez que trabajo con Ana Otxoa, con quien el diálogo ha sido fluido desde el primer momento. Valoro especialmente a los cantantes que son conscientes de la importancia de su papel dentro del contexto global de la obra, y Ana ha demostrado una gran inteligencia musical y una sensibilidad muy fina al querer integrar sus solos dentro del conjunto coral y orquestal. En las obras tempranas de Ravel, el secreto está precisamente en encontrar el equilibrio tímbrico y en dar a cada pieza un carácter específico, buscando siempre que la música fluya con naturalidad y sin artificios.
– ¿Qué destacaría del programa?
– Destacaría, una vez más, su variedad, así como la oportunidad de escuchar obras interpretadas por primera vez por la Orquesta de Euskadi, en un programa íntegramente vasco. El concierto alterna momentos de gran intimidad con otros de mayor densidad sonora, permitiendo al público descubrir matices que, en una escucha más fragmentada, podrían pasar desapercibidos. En un plano más personal, este concierto tiene para mí un valor muy especial: es la primera vez que dirijo a la orquesta que escuché en vivo cuando aún ni había nacido, una formación que he admirado siempre y que forma parte de mi imaginario musical desde la infancia.
– ¿Qué sensación o idea le gustaría que se llevara el público tras este concierto?
– Me gustaría que el público se fuera con la sensación de haber vivido una experiencia musical plena, no solo de haber asistido a un buen concierto. Si además se llevan curiosidad, ganas de volver a escuchar esta música, de descubrir más repertorio coral y sinfónico vasco, de reflexionar sobre el diálogo entre tradición y modernidad, entonces el concierto habrá cumplido su función más profunda. Hay muchísima música clásica, y de enorme calidad, para todos los gustos, y cada concierto es para mí una oportunidad de recordar —y de compartir— la suerte que tenemos de dedicarnos a la música.
– ¿Qué destacaría de la aportación de Musikaste al panorama musical vasco?
– Musikaste es un proyecto esencial porque ofrece visibilidad, continuidad y contexto a la creación musical vasca. No se limita a programar obras, sino que construye un espacio donde el repertorio propio se escucha con rigor, respeto y ambición artística. Es, además, una prolongación natural de la labor de Eresbil, que tanto ha hecho —y sigue haciendo— por rescatar, conservar y promover el patrimonio musical vasco, con una mirada profundamente comprometida con nuestra tradición e identidad cultural.