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EL TXISTU

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Txistulari destacados

Consultando en los archivos de los pueblos las Ordenanzas Municipales de siglos pasados, puede llegarse al conocimiento de una larga lista nominal de txistularis1.

Pero no es fácil deducir de esta documentación nombres destacados por sus dotes de txistulari. En todo caso puede señalarse a los que duraron muchos años en la misma plaza de txistulari.

Tal vez el origen humilde de los txistulalis y en el siglo XVIII la adversa campaña, que sufrieron por parte de cierto sector clerical, que les acusaba de ser creadores de inmoralidad pública, pudieron contribuir a que no llegaran hasta nosotros nombres de txistularis distinguidos en los siglos XVI, XVII y XVTII.

En torno a la campaña clerical contra los txistularis es conveniente recalcar que se debía a un limitado grupo de oradores sagrados.

La conocida defensa que el P. Larramendi hace en este tiempo de los txistularis y de los bailes vascos en su "Corografía ele Guipúzcoa", no era un caso aislado, sino el reflejo de la opinión de sectores importantes clericales. No es nada raro certificar los gastos de las parroquias en la organización de festejos, en principio religiosos, pero que suponían la contratación de músicos e incluso la programación de bailes, en ocasiones iniciados por el párroco del lugar.

III Asamblea General Ordinaria de la Asociación de Txistularis del País Vasco, 19 de julio de 1929, en el Gran Casino, actual Ayuntamiento de San Sebastián.

La opinión de los Ayuntamientos tenía un peso específico, como la Ordenanza del 17 de junio de 1778 en Errenteria: "En este Ayuntamiento dixeron sus mercedes que en esta villa se halla sin músico tamboril que dé diversión pública ... y por combenir por muchos graves motivos haia dicho tamboril por ser la única diversión del País la que él causa con la música acordara se trate este punto en el mismo ayuntamiento general para que se tome la resolución correspondiente en su razón".

Sin duda alguna con el advenimiento de la Ilustración llegó la liberación del txistulari y, no solo recupero su Justo aprecio, sino que se situó en niveles culturales de importancia.

Diríamos que Juan Ignacio de Iztueta es el padre de la imagen del tamborilero, guardián de nuestras tradiciones, melodías y danzas. En su obra "Gipuzkoa'ko
Dantza gogoangarrien Kondaira", editada en 1824, con diatribas y ponderaciones determina la responsabilidad y el honor del tamborilero fiel a su vocación y destino.

Es ahora cuando todo se presta a la creación de una tradición familiar txistulari, a través de varios miembros del mismo apellido, que cultivan La profesión con orgullo y gran aceptación popular.

Como txitularis destacados recordemos a los anteriormente citados: Baltasar de Manteli (Vitoria 1748-183 1) y Vicente Ibarguren (San Sebastián 1764-1845). Cronológicamente se han ido sucediendo txistularis, que han pasado a la historia como excepcionales intérpretes solistas. Así Francisco Arsuaga "Chango" (Tolosa 1800-1881), Pedro Ignacio de Latierro (Azpeitia 1792-1836), Eusebio Basurco (Orio 1856-1921), Juan José Cestona (Tolosa), Alejandro Lizaso (Orio 1909-1936) y los contemporáneos Polentzi Gezala (Lezo ), Bonifacio Fernández (Bilbao), José Luis Garay (Pamplona), etc…

La Banda de los hermanos Ansola con Isidro Ansorena en 1975

En cuanto a dinastías de txistularis, que han vivido una tradición familiar, Francisco de Uriarte escribía en 1929: "¿Quién no ha oído hablar de los Arzuagas, los Bergareches, los Urías, los Basurcos, los Alberdis, los Gallasteguis, los Onraitas y los Gorosarris? ¿Quién no conoce hoy mismo a los Elolas, los Landaluces, los Uriartes, los Azcárates, los Amezuas, los Azurmendis, los Echenagusias y cien más que harían esta lista interminable?". Y nosotros añadiríamos los Erauskin, los Dorremotz, los Ansola, los Elizalde, los Lascurain, los Martínez de Lecea, para desembocar en los Ansorena.

En este sucinto análisis, que acabo de hacer, tenemos que incluir como primerísima figura a Isidro Ansorena, tanto en su faceta de txistulari solista, como en la de ser el epicentro de la tradición familiar de los Ansorena. A lo que añadiría además su papel de director de las Bandas de Hernani y San Sebastián.

Como txistulari solista, tuvo una etapa inicial, en la que brilló a gran altura, hasta adquirir fama de número uno entre los más distinguidos del momento. Con la aparición de Alejandro Lizaso, txistulari de Errenteria, apodado "el ruiseñor del txistu", se creó entre los admiradores de ambos una permanente rivalidad de preferencias. Alejandro Lizaso murió en la guerra española con 28 años. Isidro Ansorena evolucionó hacia una concepción artística del intérprete más próxima a un cuidadoso fraseo y fidelidad rítmica, algo más exigente en definitiva. Esto mismo fue palpable en sus composiciones, en sus comienzos apoyadas en frecuentes juegos de variaciones y más tarde en desarrollos más técnicos.

Lo mismo que experimentaron sus discípulos, que, cuando intervenían públicamente, tenían siempre en consideración las enseñanzas del maestro.

En cuanto se refiere a la aparición de apellidos ilustres en el Inundo txistulari, creo que podemos afirmar que los Ansorena han marcado un hito, que será analizado en otro lugar de este mismo trabajo. De momento señalamos aquí cómo son más de doce los Ansorena, que han cultivado el txistu en todas sus manifestaciones. Pero que de todos ellos Isidro Ansorena ha sido hasta el momento la figura más distinguida y admirada.

En la constitución de bandas de cuatro músicos, silbote incluido, Isidro Ansorena fue promotor excepcional. Nombrado en 1910 txistu 1º de Hernani, inmediatamente consiguió que en su pueblo natal se formase por primera vez la banda completa, con la que alcanzó tal categoría artística, que vencieron en cuantos concursos participaron en los 12 años de su permanencia en esta plaza. Trasladado a la banda de San Sebastián en 1922, cuando en ella no existía plaza de silbote, nuevamente consiguió ser director de una banda completa, que con él alcanzó el máximo nivel artístico y que ya no perdería jamás la plaza de silbote.

Desde el primer momento de la fundación de la Asociación de Txistularis del País Vasco, Isidro Ansorena aparece involucrado entre los responsables de su mantenimiento y desarrollo.

Su figura será especialmente importante en la reaparición de la Asociación en 1955, tras el paréntesis de silencio, vivido desde 1936.

En la ampliación de repertorio de música para txistu, trabajo de primera necesidad en los comienzos de siglo, Isidro Ansorena se lanzó a una fuerte campaña, especialmente desde su puesto de txistulari municipal de San Sebastián. No solamente acertó a reunir lo ya existente, a Lo que añadió un fondo importante de partituras por él escritas, sino que consiguió interesar a los mejores compositores vascos del momento, para que aportasen su inspiración a la música de txistu. De aquí nació la colaboración permanente, que tanto juego dio a las publicaciones de la revista "Txistulari".

Isidro Ansorena haciendo sus excelentes txistus artesanales

En la sistematización de la enseñanza del txistu, Isidro Ansorena colaboró con el P. Hilario de Estella en la publicación del primer Método de Txistu. Pero tras la constatación de que sus páginas no presentaban la progresión pedagógica conveniente, inició la publicación en "Txistulari" de unas páginas dedicadas a txistularis principiantes, en las que expuso la nueva teoría de los golpes binarios y ternarios2. Todo esto cuajaría con el tiempo en el nuevo método de Isidro Ansorena, que tanto servicio prestada en el aula de txistu del Conservatorio donostiarra y en otros centros privados.

Todavía añadiremos un apartado más en la trayectoria admirable de Isidro Ansorena: su habilidad para la fabricación de txistus. Algo heredado de su padre, Francisco Ansorena, pero que él elevó a cotas más altas. Los txistus de Isidro Ansorena llegaron a ser solicitados por todas partes, como el intento más logrado por todos conocido.


(1) Ramos, Jesús. Materiales para la elaboración de un censo de músicos populares de Euskal Herria en Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, nº 55, p. 91
(2) Ansorena, Isidro. Página musical dedicada a los txistularis principiantes. En: Txistulari, nº 12, p. 9


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