Inicio de la página

AYUDAS A LA ACCESIBILIDAD

EL TXISTU

Fuentes, Documentos sonoros, Repertorios en Eresbil


El oficio de txistulari y sus funciones

Los flautistas populares, que recorrían por iniciativa propia los pueblos, fueron creando la necesidad de contar con ellos para cualquier acontecimiento público.

Conscientes los Ayuntamientos del papel importante que desarrollaban, iniciaron la costumbre de contratos más o menos fijos con un mínimo y elemental reglamento.

Se conocen contratos temporales de todas clases, según la actividad social de las poblaciones: por años naturales o por fiestas determinadas durante varios años.

Tarde o temprano en casi todos los Ayuntamientos llegan a crear el puesto fijo del txistulari, considerándolo tan necesario como el maestro, el médico y el boticario.

En las Ordenanzas Municipales de Errenteria desde comienzos del siglo XVIII se hablará de tamborines asalariados y estos solicitarán en ocasiones determinados adelantos con cargo a su salario.

La Banda Municipal de San Sebastián tras su reconstitución en 1923

Los compromisos o funciones del txistulari podían variar un tanto, según zonas del País Vasco. Pero ordinariamente eran: 

  • Abrir las Corporaciones, que se dirigían a cualquier acto civil o religioso.
  • Solemnizar las procesiones, sobre todo la de Corpus Christi y la del patrono del lugar.
  • Recibir a personajes ilustres.
  • Animar las romerías y dirigir la danza popular los domingos y días festivos.
  • Alegrar las corridas de toros con su "Iriyarena", interponiendo en los intermedios música apropiada.
  • En las noticias de importancia, que se realzaban en los pueblos con repique de campanas, el txistulari las daba a conocer, recorriendo las calles del lugar.

El mandato del Alcalde aumentaba el número de funciones del txistulari.

En otro orden de cosas, las Ordenanzas Municipales exigían al txistulari que tuviese algún alumno, al que no podía cobrar derecho alguno por la enseñanza. Estos alumnos eran los que le suplían en sus servicios en ocasiones, que a veces se prolongaban muchos meses y aún años.

El txistulari frecuentemente intervenía en las alboradas o felicitaciones a personas, que celebraban su onomástica o cumpleaños o cualquier otro acontecimiento importante, lo que le suponía una fuente de ingresos.

Banda Municipal de San Sebastián. Fiestas Euskaras (Hondarribia, 1925)

El txistulari aceptaba todas las ofertas de intervención en localidades próximas, con el fin de aumentar sus ingresos. Pero estos compromisos se convertían fácilmente en colisiones con sus obligaciones locales.

En ocasiones el txistulari absorbía otras modalidades similares de servicios musicales. Una de éstas era la de músico militar. Los documentos hablan del tambor de guerra y del pífano, flauta vertical de seis agujeros, instrumentos que los txistularis fácilmente llegaban a dominar para poder recibir la remuneración de este servicio.

Pero, si bien el txistulari explotaba al máximo sus posibilidades de músico, aún éstas no alcanzaban materialmente el nivel de una profesión ordinaria de jornada completa. De ahí que sus aspiraciones fuesen encaminadas a lograr otro oficio complementario. Los ayuntamientos eran conscientes y buscaban soluciones de muy distinto género.

José Ansorena, Isidro Ansorena y José Joaquín Uzcudun, 1908

En el caso del atabalero era muy frecuente encomendarle el papel de pregonero. Otras encomiendas muy socorridas eran las de cartero, campanero o cuidador del reloj de la torre.

En algunas zonas de Vizcaya era muy corriente que el txistulari fuera el aguacil.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, al aparecer las Bandas de Música Municipales, se crean nuevas disposiciones, por las que el atabalero debe ser al mismo tiempo caja de la Banda y los txistularis deben aprender algún otro instrumento de la Banda.

La plaza de txistulari era apetecida por gente llana, que a la larga llegó a ser pieza clave en el mundo musical de nuestros pueblos, que de hecho no conocían más música que la de la iglesia y la de su txistulari.

Podría deducirse que este músico del pueblo era algo profundamente apreciado por él. Pero no. La baja clase social de la que procedía, generaba en los vecinos un rudo derecho a ser con él exigente hasta el abuso. Solamente la abnegación del txistulari era capaz de mantener la profesión. Su ley era obedecer al que mandaba, impulsado por una bondad natural y por un celo en el cumplimiento del deber con puntualidad irreprochable. Así el txistulari representaba una señera imagen de elegante sonrisa y festivo significado, que en el fondo silenciaba las contrariedades, privaciones y malos ratos que tema que soportar.

Las Ordenanzas municipales muestran con frecuencia pequeñas colisiones en el ejercicio de las funciones del txistulari municipal, colisiones que siempre son solucionadas de manera autoritaria en detrimento del músico funcionario.

Con esta semblanza del txistulari municipal comprenderemos que cualquiera podría llegar a doIninar la técnica del txistu y hasta ser un txistulari prodigioso, pero no valer para txistulari municipal, por las características de sujeción a que estaba sometido.


 


ERESBIL

Archivo vasco de la música
Tel.: (34) 943-000868 • Fax: (34) 943-529706
E-mail: bulegoa@eresbil.eus