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RAIMUNDO SARRIEGUI

1838-1913


Biografía por José Luis Ansorena

I

Desarrollo de la ciudad de San Sebastián en el siglo XIX

        Con la intención de ubicar adecuadamente la figura de Raimundo Sarriegui en la sociedad que le vio nacer, trazamos de manera esquemática las vicisitudes históricas, que rodearon su nacimiento.
        San Sebastián, ciudad encorsetada por las murallas, en 1800 contaba con poco más de 5.000 habitantes distribuídos en 588 casas en su distrito intramural y menos de 4.000 en los barrios y partidos extramurales de San Martín, Santa Catalina, Amara, Ayete, el Antiguo, Ulía, Loyola, Ibaeta, etc. (1)
        En los siglos XIV al XVII San Sebastián había acogido una población gascona medieval y moderna, merced a la cual el euskera y el castellano convivieron con el gascón bayonés. Restos de esta época son los actuales topónimos gascones Urgull, Ayete, Polloe, Ulía, Miramón, Mompás, etc…
        El gascón era jovial, retozón, de vivo ingenio meridional, satírico, apacible y alegre.
Puede decirse que Raimundo Sarriegui sería una mezcla de la clásica seriedad del vasco y las cualidades señaladas del gascón.
       En 1808 los franceses invadieron Gipuzkoa y se asentaron, como bastión principal, en San Sebastián con su castillo de la Mota.
        La guarnición militar estaba dotada de unos 3.000 elementos.
        La ciudad estaba muy militarizada y acostumbrada a los desfiles parciales de los soldados, así como al sonido frecuente de sus tambores, su diana, su retreta, etc., sin que faltasen periódicamente incidentes entre los ciudadanos y algunos militares, que alardeaban de su situación de invasores.
       

Anónimo "Vista de la ciudad de San Sebastian, incendiada por el egoismo Ingles el año 1813" Litografia
s. XIX Museo San Telmo

        En el incendio y destrucción de San Sebastián el 31 de agosto de 1813 murieron más de mil donostiarras. Otros tres mil de las clases de mayor nivel social habían huído, merced a la orden de evacuación del gobernador de la plaza a caseríos y poblaciones próximas de la provincia. Los barrios extramurales habían sido destruídos en los preliminares del sitio. En la ciudad solamente quedaron en pie treinta y seis casas, situadas en la calle de la Trinidad, hoy 31 de agosto.
        Para que no se perdiera la memoria de esta inmensa desgracia, en 1963 se colocó en la entrada a la calle de San Jerónimo una lápida, que dice:
 

XXXI DE AGOSTO DE MDCCCXIII
LOS ALIADOS TOMAN POR ASALTO ESTA CIUDAD
OCUPADA POR EL EJERCITO INVASOR
LA INCENDIAN, LA SAQUEAN Y DEGÜELLAN
GRAN NUMERO DE SUS MORADORES
 

       Las secuelas del incendio provocaron la ausencia de lo más elemental para la subsistencia. Por esta causa fallecerían un tercio de los supervivientes. De esta manera su censo descendió brutalmente. (2)
        El 8 de setiembre de 1813 se reunieron en el caserío Aizpurua de Zubieta las autoridades donostiarras y algunos otros supervivientes con el alcalde Miguel Antonio de Bengoechea a la cabeza. Allí decidieron la reconstrucción de la ciudad, encargando al arquitecto Pedro Manuel de Ugartemendía poner el plan en marcha.
        Regresados a la ciudad los miembros del Ayuntamiento, fueron haciendo sus reuniones en casas particulares, comenzando el 10 de setiembre en la de Bartolomé de Olozaga, una de las pocas que se salvaron del incendio en la calle de la Trinidad. Así fueron turnándose por diversos domicilios, hasta que en 1832 se inaugurase la nueva Casa Consistorial.
        Pero mientras se discutía la viabilidad del plan presentado por Ugartemendía, los solares arrasados por las llamas y vaciados de escombros se fueron llenando de barracas o edificios provisionales con tiendas incluídas, que fueron arrendados a veces en condiciones abusivas. Sus inquilinos o propietarios crearon serios problemas para la reconstrucción de la ciudad.
        Tras ser aprobado el proyecto del regidor Manuel Nicolás Gogorza en 1816 se iniciaron las obras, con el criterio de rectificar algunas calles, que conservarían sus nombres y reducir las manzanas a formas rectangulares, lo que dio una mayor uniformidad a las construcciones de la actual Parte Vieja donostiarra.
        De esta forma mejoró la callejuela de la Escotilla o de San Jerónimo. La calle del Puyuelo era la más larga de la ciudad, puesto que llegaba desde el Arco de Santiago, junto a la muralla del muelle, hasta el extremo contrario de la muralla, junto a la calle de la Zurriola o de Santa Ana, hoy Aldamar. La calle del Puyuelo quedó cortada por la calle de San Juan, tal como hoy la conocemos.
       Pedro Manuel de Ugartemendía recibiría la ayuda del arquitecto Silvestre Pérez y a partir de 1818 la reconstrucción adquiriría una gran rapidez.
         En 1817 se inició la Plaza de la Constitución y de 1828 a 1832 se llevó a cabo la Casa Consistorial.
         En 1829 se construyeron las Escuelas Públicas en la actual Plaza de Sarriegui, que primitivamente era calle de Atocha o de la Iguera y después se convirtió en Plazuela de las Escuelas. Aquí es donde nuestro músico recibiría su instrucción primaria.
         En 1818 el Ayuntamiento quiso dedicar para representaciones teatrales un edificio de la calle de la Trinidad. Pero sus condiciones inapropiadas lo impidieron y en su lugar se habilitó una bóveda de la fortaleza de las murallas. Por fin en 1846 se inauguró el nuevo Teatro Principal, que luego sufriría algunas reformas, incluído su derribo con su reinauguración definitiva en 1931.
         El 20 de enero había en San Sebastián una costumbre, nacida siglos atrás, como cumplimiento de un voto en acción de gracias a San Sebastián por la superación por su intercesión de una peste sufrida en 1597. La costumbre consistía en una procesión desde la parroquia de Santa María hasta la parroquia de San Sebastián en el Antiguo, serpenteando en las afueras el pequeño camino de los arenales. Acudían conjuntamente los cabildos municipal y eclesiástico, seguidos de la población en ambiente de romería muy popular.
         Pero desde la década de 1830, debido a las inclemencias climatológicas de la época, la procesión se realizó por entre las callejas de la ciudad amurallada. Tambores, pífanos, banda militar y demás atronaron a los vecinos por entre las casas de la ciudad, algunas todavía en construcción. En esta procesión interpretaba la Banda de Txistularis la Marcha de San Sebastián, zortziko solemne escrito en 1838 por José Juan Santesteban, que se apoya en la melodía popular del Edate-dantza, que Juan Ignacio de Iztueta recoge en su colección Gipuzkoako dantzak. Esta tradicional procesión dejó de cumplirse a partir de 1860.
         Pero en la actualidad sigue asistiendo en Corporación el Ayuntamiento a la Parroquia de Santa María, para renovar el voto de agradecimiento a la Virgen del Coro, por haberse liberado la ciudad el 7 de diciembre de 1688 de un incendio. Provocado por la voladura de la Mota, donde se almacenaban 780 quintales de pólvora, que explosionaron por un rayo de una fuerte tormenta, la ciudad quedó convertida en un volcán. Pero se pudo dominar el incendio que la arrasaría. Esta ceremonia suele tener lugar cada año el tercer domingo de diciembre.
         Al margen de estos ritos tradicionales, la ciudad había ido recobrando la normalidad y ya en 1840 contaba con 10.000 habitantes, que fueron incrementándose constantemente. En 1860 su censo era de 20.000 ciudadanos, en 1870 eran 30.000, para llegar en 1900 a 40.000 habitantes.
         San Sebastián se convirtió en una ciudad progresista y de veraneo.
         Era inmensa la ansia de los donostiarras por derribar las murallas, que suponían un obstáculo infranqueable para su expansión y unión con los barrios extramurales. Pero para ello necesitaban la autorización del Ministerio de la Guerra, que finalmente se alcanzó.
   

 

Derribo de las murallas de Donostia (dentrás La Concha) 1864-1865. Hermenegildo Otero y Goñi. San Telmo Museoa

      Gran fiesta en 1864 por el acontecimiento del derribo. Seguidamente se inició el ensanche Cortázar y se planificó la nueva ciudad, que con los edificios más destacados adquirió, además de la capitalidad de Gipuzkoa desde 1854, un aire de población importante. En 1885 se concluyó el Palacio de la Diputación. En 1887 se inauguró el Gran Casino. Al lado de estos espléndidos edificios fueron apareciendo el resto de construcciones, jardines, plazas, etc. que configuraron la ciudad definitiva de San Sebastián.
        Referente a la construcción de la nueva ciudad, añadamos el comentario de un modesto donostiarra que resume otros aspectos de la vida social:
        "El siglo XIX no se portó bien con San Sebastián: cenizas en 1813; los Cien Mil hijos de San Luis en 1823; cólera en 1834; bloqueo carlista de 1835 a 1837; nueva epidemia colerica en 1858; otro asedio de los carlistas de 1875 a 1876.. . Únanse estos graves y bélicos acontecimientos a infinitos motines y pequeñas revoluciones... Pero el donostiarra está lleno de entusiasmo, de fe en sí mismo y de algo que es infinitamente más serio: de fe en su pueblo (3)."

 


(1) – X X. Demografía eclesiástica de Donostia en 1800. En: Junior , agosto 1920.
(2) – Rodriguez Sorondo, Mª del Carmen. Arquitectura Pública en la ciudad de San Sebastián. (San Sebastián. Grupo Dr. Camino. 1985). En la redacción de este capítulo queda claro el nacimiento de Raimundo Sarriegi gran parte de sus afirmaciones se apoyan en el contenido de este libro.
(3) Arozamena, Jesús Mª. San Sebastián, Biografía sentimental de una ciudad. Samarán ediciones, Madrid, 1963, p. 96


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