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AYUDAS A LA ACCESIBILIDAD

RAIMUNDO SARRIEGUI

1838-1913


X

La música de Raimundo Sarriegui

        Es evidente que la personalidad que rodea a la figura de Raimundo Sarriegui se debe a la aceptación de su música por los donostiarras. Pero hay que reconocer que, interpretada en ambientes ajenos al mundo donostiarra, deja de tener todo su atractivo. Es por tanto primordial advertir que todo se debe a que él recogió como nadie el espíritu festivo donostiarra y lo trasladó a su gran número de partituras, que se siguen interpretando cada año, más en el día de San Sebastián y en la Comparsa de los Caldereros Húngaros, que en los días que dura el ciclo de Carnaval.
         Los periodistas y escritores de su tiempo no escatimaron alabanzas, precisamente por su acierto en recoger y plasmar en música el humor de sus compatriotas.
         La charanga de Raimundo fue una institución musical que produjo entusiasmo entre josemaritarras. (J. Bengoechea)
         Toda su música es alegre, como alegre era el pueblo de aquella época…Atesoró simpatías generales, porque su obra no fue de codicia, sino de expansión, de fraternidad, de caudal donostiarra. (Adrián de Loyarte)
         …El vasquismo se cultivaba con una divisa que podría ser la de jovialiter: alegremente. Sin solemnidad y pedantería…más aún Raimundo Sarriegui, el músico cojo, fraternal colaborador de mi abuelo. (Julio Caro Baroja)
         Nadie como él ha recogido el espíritu, que envuelve a las muchedumbres, los días de fiestas populares en San Sebastián…Cada vez que se oye la música de Sarriegui, nos estremecemos como ante una resurrección inesperada y grata. (Manuel Munoa)
         Hemos escuchado relatos de quienes lejos de su patria chica han derramado emocionadas lágrimas, al escuchar los compases del Iriyarena, Caldereros, Pasodoble o la Marcha. (José Luis Echániz)
         Desde fines del siglo XVIII y durante todo el siglo XIX San Sebastián vivía con entusiasmo la organización de las comparsas, que desde los orígenes experimentaron una evolución en los grupos instrumentales que interpretaban la música y animaban los desfiles correspondientes.
         Las Sociedades de recreo recurrían a los compositores entonces conocidos, para obtener de ellos las partituras apropiadas al objetivo de las fiestas callejeras. Entre ellos han dejado escritas distintas obras Pedro Albéniz, José Juan Santesteban, José Manuel Brunet, Manuel Delgado, Raimundo Sarriegui.
         Fácil es comprobar que la música de Sarriegui es la que perdura llena de vida y la de los demás compositores ha pasado al olvido total.
         Sin embargo en su tiempo seguía habiendo muchos admiradores de José Juan Santesteban y de su hijo José Antonio, que eran considerados de un nivel musical superior, según algunos más europeo. Pero hoy en verdad su música tampoco resiste un análisis un poco exigente.
         Así es como en vida Sarriegui tuvo que soportar las críticas de la elite musical, que
consideraba que su música era facilona y populachera.
         Pero él, que tanto alternaba con los organizadores de las comparsas, hacía oídos
sordos a las opiniones contrarias y seguía escribiendo, según le parecía que era el gusto del pueblo.
         Sus músicas evocaban canciones donostiarras, incluso acertaba a incrustar entre su música original melodías vascas muy populares, que encajaban perfectamente con sus creaciones musicales, algo que había aprendido de su maestro José Juan Santesteban. Éste escribió su Marcha-Zortziko de San Sebastián, apoyándose en la melodía del Edate-dantza y en El entierro de la sardina incrustó al final el Anton bat eta Anton bi.
         También Sarriegui empleó melodías populares vascas en su Juana, Vishenta Olave (Urra Papito), su Iriyarena, así como en la Diana (Artakamara motxolinua) y en El entierro de la sardina (Astuaren kakalia).
         De hecho Raimundo Sarriegui debía su formación musical a José Juan Santesteban. De él recibió la enseñanza elemental. Pero así como Santesteban amplió sus estudios en Madrid, París, Roma, Nápoles, Florencia, Bolonia y Milán, Sarriegui no salió nunca de su barrio donostiarra.
         Sarriegui tenía una gran facilidad para escribir gratas y muy populares melodías. Ordinariamente las presentaba desnudas de toda armonía o con algún guión elemental incorporado. En su tiempo era común actuar con conjuntos instrumentales muy reducidos. Cada uno de ellos adaptaba las melodías de Sarriegui a la instrumentación conveniente.
         Hay quienes han visto en su música una cierta similitud con Johann Strauss, lo cual no es nada difícil, porque ya en el verano de 1879 la Banda del tercer regimiento de Artillería, dirigida por Carlos Pintado, interpretó en la Alameda un amplio programa de obras de Wagner, Weber, Meyerbeer, Suppé, Rossini, Gounod, etc., pero sobre todo Strauss, mucho Strauss. (1)
         También algunas opiniones afirman que en 1870 se refugiaron en San Sebastián algunos compositores franceses y alemanes, huídos de la guerra franco-prusiana. Con algunos de ellos Sarriegui perfeccionó sus conocimientos de armonía, instrumentación y composición.
         De las obras de Raimundo Sarriegui tenemos constancia de algunas, que por no haber sido editadas, se han perdido. Se han conservado las que han tenido la suerte de su publicación.
La colección Ecos de Vasconia de Echeverría y Guimón le editó a fines del siglo XIX las canciones Juana Vishenta Olave, Oh Euskal-Erri Maitea!, Petra, Chardiñ Saltzallia, Asto kontuak. Gracias a esta edición son canciones que se conocen y se han interpretado muchas veces.
        También un gran número de sus partituras de Comparsas, treinta y nueve en total, se han conservado gracias a su publicación en el cuaderno titulado El Carnaval en San Sebastián, editado a fines del siglo XIX en la Casa A. Díaz y Cía. de San Sebastián y dedicado Al Excmo. Ayuntamiento de San Sebastián.(2)
         Esta edición se presentaba con un Prólogo de Calei-Cale (Eugenio Orbegozo), que entre otras cosas afirmaba: …La acreditada casa de A. Díaz y Cía., de esta ciudad, ha editado con gran esmero y lujo inusitado, en Leipzig (Alemania), las composiciones más notables del conocidísimo erriko-seme…Él fundó y organizó una excelente charanga… siendo Sarriegui el alma de todo, director, tesorero, contador y copista de aquella modesta asociación artística, a la que dedicó sus asiduos cuidados y constantes desvelos… No se ha dado en Yruchulo comparsa, cabalgata, tamborrada, función de teatro, ni espectáculo o festival organizado por la inagotable caridad donostiarra, al que no vaya unido el nombre de Sarriegui…
         De estas palabras deducimos que la iniciativa en la edición y selección de obras de Sarriegui arranca de la misma casa editora.
         El primer número de la colección, su popularísima Marcha de San Sebastián, escrita por Sarriegui en 1861, cuando contaba solamente 23 años, muestra algunas diferencias, que tienden a una mejor imagen musical, comparada con la que se publicó en la revista Euskal-Erria en 1883. ¿Son retoques auténticos de Sarriegui?
         Con más decisión queremos afirmar que Sarriegui no compuso la Marcha de San Sebastián para la tamborrada. En la década de 1860 se acostumbraba a interpretar en ella las melodías populares Pastelero, Iriyarena, Urra Papito, etc…
         He aquí la explicación de su origen, tal como es la narración de la revista Euskal-Erria de 1883:
         “San Ignacio de Loyola, Patrono de Guipuzcoa, tiene su marcha; San Juan, que lo es de la antigua capital foral, la posée también, ¿porqué no la ha de tener San Sebastián?” Esto se decía hace algunos años el conocido profesor de música, nuestro amigo D. Raimundo Sarriegui. Rebuscó papeles, inquirió inútilmente, y viendo que no existía, compuso la Marcha de San Sebastián, que se ejecutó por vez primera en 1861, y que se popularizó bien pronto, siendo desde aquella fecha la pieza obligada de la música que acompaña a la danborrada que la mañana de este día, 20 de Enero, recorre las calles de San Sebastián. (3)
         En nuestra opinión Sarriegui quería que su Marcha llenase un hueco y que su partitura se equiparase por su estilo y utilización a los Himnos o Marchas de San Ignacio y San Juan, que, como la de Sarriegui, en su origen no tenían texto. En la edición primera (1883) de la Marcha de San Sebastián no se hace ninguna alusión a la participación de tambores. En la de la Casa A. Díaz y Cía. sí se coloca con claridad la intervención de los tambores.
         Creemos que los amigos y admiradores de Sarriegui vieron que la partitura de su Marcha se adaptaba perfectamente a los ritmos de sus comparsas e inmediatamente la popularizaron y convirtieron en pieza obligada de la tamborrada.
         De hecho en la búsqueda de marchas de San Sebastián, que Sarriegui practicó, según la revista Euskal-Erria con resultado negativo, sorprende que él ignorase la Marcha-Zortziko de San Sebastián, escrita por su maestro José Juan Santesteban para trío de txistus en 1838.(4)
Sin duda que esta obra, que ha llegado a nosotros manuscrita por el propio Santesteban, era interpretada por los txistularis municipales. Lo más probable es que la usasen en la procesión que en las décadas de 1830 a 1860 tenía lugar el 20 de enero por las calles de la ciudad. De ahí su carácter grave, su ritmo de zortziko solemne, lo que no encajaba en los planteamientos festivos de toda la música de Sarriegui.
         Hay una opinión peregrina de Adrián de Loyarte, que se expresa de la siguiente manera:
No sé dónde se encontraría hoy el archivo musical de Santesteban. Pero si se pudiese dar con él, se vería la semejanza del comienzo de la “Marcha de San Sebastián”, con los primeros compases de la misa de Santesteban. (5)
         Digamos que el antiguo archivo musical de la Parroquia de Santa María, debidamente catalogado por ERESBIL (Archivo vasco de la música), se halla en el Archivo musical diocesano, situado en el Seminario Diocesano.
         En él se halla un largo listado de obras de José Juan Santesteban. Pero ¿a qué misa se refiere Adrián de Loyarte, puesto que Santesteban escribió más de veinte?
Por otro lado podemos certificar que en el siglo XIX se dio una cierta costumbre de que alumnos de música, al componer una partitura nueva, empleasen en el comienzo algunos compases de su maestro, como gesto de admiración a él.
         Tenemos un caso muy claro entre dos compositores tudelanos: Joaquín Gaztambide (1822-1879) y Manuel Villar Jimenez (1849-1902). Éste último es el autor del popular zortziko Desde que nace el día-hasta que muere el sol. Años antes Gaztambide había escrito en su zarzuela Los magyares una romanza, cuyo texto decía Desde que apunta el alba-hasta ponerse el sol. La homogeneidad no está solamente en el texto, sino también en la música, que es igual. Pero Gaztambide la escribe en compás de 6/8 y Villar Jimenez en 5/8. La imitación se da solamente en los cuatro primeros compases.
         Otra observación que debe tenerse en consideración es que Sarriegui nunca pensó en que su Marcha fuese cantada. Pero en 1884 el periódico donostiarra La Semana ofreció para los Juegos Florales un Pensamiento de Plata para el autor de la composición en verso que mejor se adaptase a dicha Marcha, conservando el carácter festivo de la misma.
         El fallo del concurso se declaró desierto. A los pocos días Serafín Baroja publicó en el periódico El Urumea un texto propio, que el pueblo incorporó a la música de Sarriegui. Pero su duración fue efímera. La Marcha recuperó su original estilo instrumental, bien arropado por el estruendo de tambores y barriles.
         Sin embargo en 1960 José María Donosty, cronista oficial de San Sebastián, propuso públicamente la reincorporación del texto de Serafín Baroja a la Marcha de Sarriegui. Por lo menos él sembró la inquietud y con el esfuerzo año tras año de distintas entidades y la publicación en prensa del texto con algunas correcciones, se consiguió hacia 1970 que la masa popular cantase la Marcha con el texto de Serafín Baroja. Esta vez el éxito y aceptación popular ha sido general hasta nuestros días, aunque la aplicación de la letra resulte a ratos muy forzada.
        He aquí el texto:

Bagera!
Gu ere bai
Gu beti pozez, beti alai!
Sebastian bat bada zeruan
Donosti bat bakarra munduan
Hura da santua ta hau da herria
Horra zer dan gure Donostia!
Irutxuloko, Gaztelupeko
Joxemaritar zahar eta gazte (bis)
Kalerik kale danborra joaz
Umore ona zabaltzen hor dijoaz,
Joxemari!
Gaurtandik gerora penak zokora
Festara! Dantzara!
Donostiarrai oihu egitera gatoz
Pozaldiz!
Inauteriak datoz!
Bagera!
Gu ere bai
Gu beti pozez, beti alai!

        Sarriegui, que había compuesto la Marcha en 1861, tuvo una etapa de veinte años, en que no escribió ninguna partitura para comparsas, si se exceptúa la Comparsa de Nodrizas con sus siete números diferentes. Esto nos da a entender que los organizadores seguían contando con las Polkas, Rigodones, Mazurkas, Galop, Habaneras, Valses, etc. de José Juan Santesteban, Manuel Delgado, músico mayor de la milicia nacional de San Sebastián y algún otro compositor menos conocido.
         Pero a partir de 1881 Sarriegui escribió partituras, como Comparsa de Caballería de Viejas (1881), Comparsa de Caballería de Gallos (1882), Comparsa de Jardineros (1884) Comparsa de Caldereros Hungaros (1884), y cuando la tamborrada había adquirido una personalidad diferenciada de los carnavales, Sarriegui escribió en 1882 Diana, Iriyarena y Retreta. Tras la aceptación que tuvieron, en 1884 compuso Tatiago y en 1885 la Polka. En años sucesivos sus partituras fueron barriendo las de los demás. En 1886 también se incluyó entre las melodías de la tamborrada el Ataque de Errico Shemes, que no quedó entre las habituales.
         Con motivo del terremoto padecido en Andalucía el 25 de diciembre de 1884, Sarriegui compuso, como homenaje religioso a las víctimas, Plegaria para orquesta y la Jota A este pueblo donostiarra, que se interpretó el día 20 de enero de 1885 por una Estudiantina, que recorrió las calles de la ciudad, recaudando fondos para los damnificados.

Estudiantina frente a La Fraternal. En el centro, Angelito Minondo


         Tal como es presentada la Tamborrada en el Carnaval en San Sebastián, está claro que tradicionalmente, por lo menos desde cierta época, se pensaba que los Carnavales Donostiarras comenzaban el 20 de enero con la Tamborrada y terminaban con el Entierro de la Sardina, la víspera del Miércoles de Ceniza, fecha variable según el calendario litúrgico. Tal vez sería más apropiado, como dice José María Donosty, llamar a estas jornadas lúdicas donostiarras fiestas invernales, que comenzaban precisamente el día de San Sebastián y terminaban el miércoles de ceniza, carnavales por medio.
         Hoy puede decirse que el preludio del Carnaval queda constituído por la Comparsa de los Caldereros Húngaros.
         En la actualidad el Carnaval donostiarra lucha por mantener una personalidad definida, pero no puede menos de constatar que ha descendido sensiblemente la participación popular, el ambiente en las calles, el disfraz individual. Se mantienen con interés relativo las Cabalgatas, que desfilan ante numerosísimo público el sábado y domingo. En ellas ha desaparecido la música tradicional de las antiguas Comparsas y se oye estrepitosamente la denominada por algunos música del bacalao.
         Sin embargo en los últimos tiempos grupos de aficionados, defensores de la música tradicional, en especial los responsables de La Comparsa de Caldereros de Gros, han recuperado partituras olvidadas, que se interpretan y son muy bien acogidas en la jornada de los Caldereros.
         El martes final del Carnaval se mantiene viva la tradición de El entierro de la sardina. Para esta jornada Sarriegui había compuesto en 1886 una partitura, que suplantó a la que en 1850 había escrito José Juan Santesteban, con el siguiente texto:


Miserere de un muerto
que se marcha
de rondón al infierno.
Ojos, ojos, llorad,
ya no hay careta,
ni música ni broma
hasta otro año.
Anton bat eta Anton bi,
Anton putzura erori.
Upa labirun labirun era,
Upa labirun labirun he.


         A raíz de la muerte del maisuba en 1884 con la firma F. M. se había publicado en Eco de San Sebastián:
         Por Dios, que nadie sea tan osado que quiera cambiarla, porque eso sería profanar el recuerdo amado de nuestro querido maestro.
         A pesar de todo Sarriegui dos años más tarde suplantó a su maestro Santesteban.
Todavía en estos tiempos se ha interpretado El entierro de la sardina de Raimundo Sarriegui, pero con más frecuencia una marcha fúnebre cualquiera.
         Volviendo a la Tamborrada, debemos reconocer que su interés ha ido in crescendo, por el continuo aumento de Sociedades participantes y en gran medida desde 1960 por el formidable espectáculo de la Tamborrada infantil, a la que año tras año se han ido sumando nuevos Colegios participantes.
         Si en un momento dado alguien desea representar a San Sebastián fuera del país con alguna imagen autóctona suya, no lo hará con el Carnaval donostiarra, sino con la Tamborrada. Y no olvidemos que ésta es inconcebible sin la música de Sarriegui.
         También Sarriegui escribió música para los tamborileros de su tiempo, con quienes estaba en continua conexión. Trabajó con Eusebio Basurko, txistulari del Ayuntamiento, en la enseñanza del solfeo en la Academia Municipal de Música. Por esta razón hizo de padrino de bautismo de un hijo de Basurko, a quien pusieron por nombre Raimundo, como homenaje al padrino, y a quien otorgó en su testamento 500 pesetas, como ahijado suyo.
         Eusebio Basurko era profesor auxiliar de solfeo. Cuando en 1885 dimitió Raimundo Sarriegui de su plaza de profesor, Basurko solicitó ocuparla, basándose en los servicios por él prestados. Pero su solicitud no fue aceptada.
         Hasta nosotros han llegado tres obras de txistu de Raimundo Sarriegui, que Eusebio Basurko recogió en los fondos que se conservan en el archivo de la Banda Municipal de San Sebastián. La primera Contrapas dedicado á mi ahijado Raimundo Basurko (1894), editada por la Casa A. Díaz y Cía. en el cuaderno Música Eúskara para Trio de Silvos. La segunda Minueto, de características muy similares al Contrapas y ambas con un tratamiento muy adecuado y exquisito del txistu. La tercera Alkate soñua, escrita para dos silbos y dos clarines con la finalidad de ser utilizada en los Cuerpos de Comunidad del Ayuntamiento. Es la más antigua de las tres.
Damos por supuesto que Sarriegui era un perfecto vascoparlante, pero no tanto como para escribir versos o textos de canciones.
         Sus canciones editadas en Ecos de Vasconia están escritas sobre textos de Bilinch, Victoriano Iraola, Ramón Artola y Serafín Baroja. A todos ellos conoció y admiró, especialmente a Victoriano Iraola, que fue concejal en la etapa de Sarriegui, profesor de la Academia Municipal de Música. En noviembre de 1884 Victoriano Iraola se expresó muy laudatoriamente de Sarriegui en uno de los Plenos Municipales. Por su parte Sarriegui musicó importantes textos euskéricos de Victoriano Iraola.
         Debemos recalcar que normalmente la música de las comparsas era preferentemente instrumental y la que contenía texto era casi siempre en castellano, escrito por José Vicente de Echegaray, Claudio Antón de Luzuriaga, Adolfo Comba, Marcelino Soroa, etc. Pongamos por caso la Comparsa de Caldereros Húngaros.
         Excepcionalmente las partituras tenían alguna parte en euskera.
         Pero cuando el 12 de mayo de 1878 Marcelino Soroa estrenó en el teatro municipal su Iriyarena, primera comedia en euskera en un escenario donostiarra con música de Cándido Soraluce, se inició un nuevo movimiento euskérico.
         Con la fundación del Consistorio de los Juegos Florales Euskéricos de San Sebastián se incrementaron las representaciones teatrales en euskera. En estos actos tuvo especial participación Sarriegui con aquel Orfeón municipal de veinte o venticinco voces, que hacía las delicias de los oyentes con la interpretación de Festara, Ume eder bat, Illunabarra, Beti maite, Egunsentia, Juana Vishenta Olave, Oh Euskal Erri Maitea! etc…
         Era la época de proliferación de Orfeones o grupos de cantores en las Sociedades de recreo. Pero ellos tenían el problema de la inexistencia de repertorio adecuado, especialmente en euskera. Por esta razón en el Reglamento de la Academia Municipal de Música (1879) había una cláusula, que imponía al director la obligación de coleccionar aires vascongados, arreglándolos para cuarteto de voces solas.
        Antonio Peña y Goñi decía de El Orfeón Easonense, que fundó José Juan Santesteban en 1865: Hoy cuenta en su repertorio más de noventa coros traducidos al bascuence y al castellano, del italiano, sueco, alemán y francés. (6) Con mucha probabilidad pertenecen a este repertorio, heredado e interpretado por otros coros, partituras como Goizeko izarra, del francés F. Masini, Arrantzaleak itsasora (Coros suecos) original de Sffmamm, aunque más tardía su composición Illunabarra, que tiene como base una melodía popular suiza…
         Con su Orfeón Sarriegui actuó de 1880 a 1898. Para él escribió sus partituras corales, algunas de ellas editadas en su tiempo para dos voces y piano. Pero han llegado a nosotros resueltas para coro de cuatro voces graves. Sabemos que entre los compositores es muy frecuente adaptar ellos mismos una de sus partituras a distintas plantillas vocales o instrumentales. La adaptación para cuatro voces graves del Beti maite ¿ha sido realizada por Sarriegui?
         Raimundo Sarriegui participó además en el movimiento teatral como autor.
         En 1886 estrenó la tonadilla o intermedio cómico-lírico Petra, chardin saltzallia, sobre texto de Victoriano Iraola. En 1887 el pasaje Gaztain saltzailea y en 1888 la zarzuela en un acto de corte kai-aurretara Pasayan, también sobre texto de Victoriano Iraola y con la intervención del notable tenor Vidarte. Por esta zarzuela Sarriegui recibió la Lira de Plata, premio otorgado por los Juegos Florales y que conservan los herederos. Lleva las siguientes inscripciones: Raimundo Sarriegui Jaunari Pasayan. Euskarazko Itz-Jostaldiak, Donostian 1888. En 1900 se escenificó su opereta Aita Pello. Estas obras se representaron en el Teatro Principal.
         En la última etapa de su vida Sarriegui compuso para las sociedades Euskal-Billera y Sporti-Clai su correspondiente himno y una Comparsa de Caldereros distinta para Euskal Billera. Sus contemporáneos decían que ya no estuvo tan afortunado como tiempo atrás. Pero en realidad analizando el himno de Euskal-Billera, puede decirse que está al nivel del común de sus partituras.
         Raimundo Sarriegui nunca se preocupó de reunir sus obras y establecer un fiable catálogo de ellas. Tampoco hemos conseguido conocer ningún manuscrito original de sus partituras. Sin embargo creemos que su grafía era limpia y aun elegante, fiándonos del texto de su testamento. Pero a nosotros nos ha dejado la cuestión de describir el catálogo de sus obras, complicada por las múltiples referencias a ellas en la prensa contemporánea, que varía los títulos con gran ligereza y hace difícil su identificación. 


(1) – Tellechea Idígoras, J. Ignacio: o. c. pág. 7 y ss.
(2) - Esta edición ha sido reimpresa e incluída sin el prólogo en la obra de Jesús Mª Arozamena y Tomás Garbizu Viejas Canciones Donostiarras-Donostiko Kantu Zarrak.
(3) – X X. Marcha de San Sebastián en rev. Euskal Erria , tomo VIII, 1ª semana 1883, pág. 51.
(4) – Este manuscrito de Santesteban se conserva en el Archivo de la Banda Municipal de Txistularis de San Sebastián.
(5) – Loyarte, Adrián de. Semblanza de Raimundo Sarriegui en La vida de la ciudad de San Sebastián (1900-1950), tomo III.
(6) – Bagüés, Jon. El coralismo en España en el siglo XIX en Actas del Congreso Internacional: España en la música de Occidente (Ministerio de Cultura, Madrid, 1987) pág. 186.
 


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