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AYUDAS A LA ACCESIBILIDAD

RAIMUNDO SARRIEGUI

1838-1913


VI

Raimundo Sarriegui profesor de música

        Dado que las capillas musicales de catedrales, colegiatas y parroquias importantes eran los grupos musicales de mayor nivel artístico, estos centros eclesiásticos tenían programado su sistema de preparación y educación de los nuevos integrantes de la capilla musical. En esta tarea era el maestro de capilla el principal y único responsable.
         En concreto en San Sebastián se hallaba como tal desde 1790 Mateo Albéniz, que por acuerdo municipal de 9 de junio de 1827 transmitido al Ilt. Prior y Cavildo Eclesiástico de esta ciudad… fue jubilado con todos sus honores… y nombrado en su lugar, para el doble destino que ejercía, su hijo Dn. Pedro, deviendo ocupar la Plaza de organista de Sn. Vicente vacante por esta promoción, el yerno y cuñado respectivo Dn. José Ignacio Lubet … esperando que movido de los sentimientos que me han impelido a conceder al Dn. Mateo la juvilación, con todo el sueldo, por sus largos y buenos servicios, se conformará Ud. en pasarle los emolumentos y aprovechamientos como si estuviera en activo servicio. (1)
         En 1828 Pedro Albeniz se halla en París ampliando estudios, pero ante la delicada situación de su padre, que moriría en 1831, regresó a San Sebastián para ocupar su puesto. Sin embargo en 1830 sería nombrado profesor de piano en el Real Conservatorio de Madrid y en 1834 organista de la Real Capilla. Allí desarrolló una gran personalidad musical. Es considerado el creador de la moderna escuela de piano española.
         En la parroquia donostiarra de Santa María le sucedió Julián Salcedo, que provenía de la organistía de Salvatierra de Alava. Pero al fallecer en 1834, le sucedió José Juan Santesteban, que desde 1814 era niño cantor de la capilla musical.
Este nuevo maestro de capilla preparaba a sus cantores en los locales de la parroquia de Santa María o en su propio hogar, puesto que los componentes de la capilla, cantores e instrumentistas, formaban un grupo muy pequeño.
         Toda esta tarea de José Juan Santesteban le otorgó un gran prestigio y lo convirtió en la figura imprescindible en cualquier proyecto musical.
         En todo cuanto fueran acontecimientos populares funcionaban con regularidad los txistularis municipales, que se sometían a un reglamento de actuaciones.
         Pero a medida que la ciudad experimentó un engrandecimiento humano y artístico, el Ayuntamiento quiso ampliar a nivel civil la actividad musical e inició la contratación de Bandas de paso o concertistas extranjeros. Así quedó patente la necesidad urgente de formación de personal de casa, que llegase a estar profesionalmente bien formado.
         En estas circunstancias aparece en el mundo musical donostiarra la figura de Fermín Barech, que poseía una buena formación y un brillante curriculum. Había obtenido premio de composición y violín en el Conservatorio de Bruselas, además de ser un discípulo muy querido de Fétis, director del Conservatorio. Expuso al Ayuntamiento el proyecto de una Academia Municipal, que traería grandes bienes para la cultura de la ciudad. (2)  
         Esta idea topó con la reticencia de José Juan Santesteban, que, apoyado por todos sus admiradores, produjo una gran reserva en el equipo municipal.
         En 1877 el Ayuntamiento fundó en la calle Peñaflorida la Escuela de Solfeo, nombrando profesores a José Juan Santesteban y Raimundo Sarriegui, su alumno predilecto, que desde un principio se prestó generosamente a cooperar en la medida de sus fuerzas. Ya hemos visto cómo la profesión de Corredor de Comercio era su modus vivendi, pero su pasión por la música le llevaba a comprometerse en cualquier faceta del divino arte.
         Fermín Barech expuso al Ayuntamiento su opinión de que este proyecto era totalmente insuficiente, porque en él solo se enseñaba solfeo y no el manejo de instrumentos musicales. Su proyecto abarcaba dos secciones: una de solfeo y otra de instrumentos. La primera podía seguir a cargo de José Juan Santesteban, ayudado por Raimundo Sarriegui. El mismo Fermín Barech podía hacerse cargo de la segunda .
         Al fin el 19 de marzo de 1879 quedó aprobado el Reglamento Orgánico para la Academia de Música de San Sebastián.
         Fue nombrado Director de la Academia José Juan Santesteban, quien no aceptó el cargo. En su lugar Fermín Barech, nombrado profesor de violín, sí aceptó la dirección de la Academia.
Raimundo Sarriegui fue nombrado profesor de 3º de solfeo. Tenía 45 alumnos y una obligación añadida: formar un orfeón de adultos. La matriculación de sus alumnos fue creciendo hasta llegar al número de 97.
         Desde la creación de la Academia Municipal de Música quedó en algunos sectores una duda inquietante: ¿se ha creado la Academia para formar músicos profesionales independientes o para reforzar la Capilla musical?
         Sospechaban algunos que aún era muy fuerte la influencia de José Juan Santesteban, para que la Academia dependiese de la Capilla.
         En este clima de desconfianza y tensión saltó la chispa en 1880, cuando los violines 1º y 2º se negaron a asistir a la Procesión del Corpus.
         Ya el 12 de marzo de 1881 cinco profesores de la Academia, entre ellos Raimundo Sarriegui, se habían quejado de que el nuevo Reglamento de la Capilla les obligaba a formar parte de ella.
Desde 1879 era Maestro de Capilla José Antonio Santesteban, hijo de José Juan. ¿Es que las relaciones de Sarriegui con Santesteban hijo eran peores que las que mantuvo con su padre? ¿Era cuestión de solidaridad con sus compañeros profesores?
         Con fecha de 5 de noviembre de 1884 el concejal Sr. Iraola presentó al Ayuntamiento una moción, cuyo contenido parcial decía lo siguiente:
         Excmo. Ayuntamiento:…Existe en esta Ciudad un profesor celoso e inteligente que lo es actualmente de la citada Academia, el cual desde hace treinta años próximamente, viene prestando con todo desinterés y celo, servicios importantes a la población, ya dirigiendo una Orquesta, ya organizando y dirigiendo coros y orfeones, ya también una Charanga o música, ya, en fin, produciendo composiciones musicales aplaudidas por propios y extraños; tal es el Sr. Raimundo Sarriegui, alma y vida en muchas ocasiones, de los festejos celebrados en esta Ciudad, y principalmente por Carnaval. Por todas estas circunstancias y méritos contraídos, cree pues el exponente, que dicho Sr. y no otro es el llamado a desempeñar la plaza de Director de la Academia…(3)
         Pero algo ocurría en la marcha de la Academia, puesto que con fecha de 24 de noviembre de 1884 Raimundo Sarriegui presentó la renuncia de su puesto de profesor de solfeo, sin dar ninguna explicación.
         Desde la dirección de la Academia se acusaba a Raimundo Sarriegui de no rendir en la organización de coros. Éste se defendió y el 12 de diciembre de 1884 retiró su dimisión y continuó ejerciendo su profesorado.
         Sin embargo con el nombramiento de Bonifacio Echeverría como director de la Academia, cuando muchos se empeñaban en que lo fuera José Juan Santesteban, Sarriegui presentó su dimisión definitivamente el 12 de marzo de 1885, a pesar de las distinciones recibidas.
Entre los concejales el Sr. Beitia mostró su pesar por la decisión tomada por Sarriegui:… dicho profesor es acreedor a toda consideración de parte del Ayuntamiento por los servicios prestados al pueblo y por su amor a la enseñanza puesta a su cargo.(4)
         Pero su decisión irrevocable dejó un poso en el Ayuntamiento, dividido entre carlistas y liberales, que no favoreció el buen recuerdo de él.



(1) – Parroquia de Santa María. Libro de Cabildos 1813-1819, pág. 35.
(2) – Tellechea Idígoras, J. Ignacio. Orígenes de la Academia Municipal de Música de San Sebastián (San Sebastián, Grupo Dr. Camino, 1992, pág. 15 y ss.) El desarrollo de este capítulo se apoya en la amplia documentación de este importante libro.
(3) – Ibidem, pág. 218.
(4) – Ibidem, pág. 233.


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